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Bienvenido seas a el blog personal de una simple e insignificante personita llamada Floopi.
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Bienvenida a Switchwall. - Rutina.
lunes, 16 de enero de 2012 | 0 Cupcakes ¿Me regalas uno?

(Capítulo anterior: Promesa).


Mi nombre es Hanami y hoy, mejor dicho hace exactamente veintitrés días seguidos tengo la misma pesadilla. No me atrevo a confesar esto a nadie pero realmente estoy ya algo nerviosa. ¿Algo mal anda conmigo? No creo ya que tengo una vida ordinaria como cualquier joven adulta que inicia su vida universitaria, no tengo excesivos lujos y además gracias a mucho esfuerzo he conseguido irme a vivir sola en mi cálido y pequeño departamento. Me comunico a diario con mis padres y mi hermana menor y eso sin contar que tengo muy buenos amigos que veo a diario; es más tengo un microemprendimiento junto con dos amigas. No es la gran cosa, pero igual nos puede mantener. En fin, no tengo nada de interesante como para soñar tal rebuscada pesadilla durante casi un mes. Creo que estoy pensando demasiado en cosas insignificantes, los parciales asustan más.
-Hana, ¿Qué es lo que te pasa, acaso hoy dormiste mal otra vez?- Me interrogó Kyoko, mi compañera de al lado.
-Sí, pero con una buena siesta me recuperaré. ¡No te preocupes!
-Está bien. Trata de descansar, ¿si? Los parciales están a la vuelta de la esquina y no te puedes descuidar así.
-Tienes razón; aunque con eso en mente será difícil dormir.
-Bueno, hazme caso igual. Ahora me tengo que ir. ¡Te veo luego!
Y así como dijo eso se fue del salón. ¿Qué hice yo para merecer esto?
El almuerzo de hoy consiste con un intento de bento preparado por mí a las apuradas y sin sentido del arte culinario. El verlo sólo me hace extrañar más al bento que me preparaba mi madre. Ella siempre le pone mucho énfasis en los detalles, aunque muy rara vez me escucha y por ello tenemos muy poca conexión. Igual esto último no significa que nos llevemos mal. Fue toda su vida así.
La hora pasó muy rápido, almorcé con Yuki, quien a pesar de entablar amistad recién este año ya es como el hermano que nunca tuve. Le conté que tuve esa pesadilla de vuelta y me contestó que no era nada; que algo parecido le pasó con un trauma de su infancia que logró superar con el tiempo y que sólo deje que fluyan las aguas (Sí, es muy metafórico cuando está inspirado). Supongo que le haré caso.
Al fin, luego de un tedioso día lectivo y después de conversar sobre futuros trabajos con Mei y Taiga, regreso a casa. La luz parpadeante del teléfono anuncia que tengo un mensaje de voz; lo más probable que sea de mi madre: “Hola Hanami, soy mamá. Voy a ir a Sapporo con papá y tu hermana a ver a los tíos. Estaremos de regreso dentro de... una semana. ¿Cuídate si? Más tarde hablamos”. Genial, en ningún momento me avisó que irían. Me parece magnífico que aprovechen el fin de semana largo, ¡pero avisen! En cuanto mi fin de semana, será comer helado viendo televisión en el sofá: la vida perfecta.

Reconozco que tardé bastante, ¡perdón! Pero es que cada vez que abro mi blog para publicar, me quedo como una tonta cambiándole la apariencia y me olvido del verdadero propósito. 

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